Educación en línea: primer cuarto de siglo hacia la maduración de la modalidad

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Por Fabio Tarasow. ¿Cuándo fue que escuchamos la palabra e-learning por primera vez? ¿Cuándo tuvimos el primer contacto con un curso en línea? ¿Cuándo fue nuestra primera entrada en un campus virtual? Sin duda las respuestas serán variadas, pero sobre todo difusas. Para muchos de nosotros la educación en línea parece estar allí desde siempre, pero podríamos remontarnos a algún lejano día de los principios de los noventa cuando empezamos a tomar contacto con esta nueva realidad. Y desde entonces hemos estado subidos a la acostumbrada montaña rusa de las «soluciones tecnológicas» que prometen en un principio la solución a todos los problemas. Nos ponen muy arriba en las expectativas, para luego someternos a un profundo y vertiginoso descenso. Luego un nuevo pico de optimismo, consecuencia de una nueva tecnología que aumenta las expectativas…. y nuevamente la caída. La educación en línea, con todos sus nombres y variantes, ha atravesado por este patrón. Desde la euforia por el e-learning en la primera década del siglo XXI hasta los CEMA (MOOC, en inglés) como el futuro de la educación superior hacia la década de 2010.

Hoy, casi un cuarto de siglo después, el vaso puede considerarse medio vacío o medio lleno… Ninguna de las promesas parece haberse concretado por completo y queda como un sabor de desazón, pero muchas cosas interesantes se han hecho y se han aprendido. Estos 25 años son una buena excusa para hacer un breve recorrido por lo que queda por aprender y por pensar ahora que iniciamos el camino hacia el medio siglo.

El primer punto que me gustaría revisar es el sentido de uso de la tecnología. ¿Se usa para hacer lo mismo que antes o ya tiene un lenguaje y una modalidad propios? En este sentido, los entornos educativos virtuales o en línea pueden usar la tecnología como puente o como territorio. Cuando se crearon, los primeros entornos y campus virtuales fueron herederos de una concepción transmisiva de la educación que empareja la enseñanza con la transmisión de contenidos y el aprendizaje con la asimilación, repetición y ejercitación de los contenidos. Claramente, la pedagogía tuvo (y aún tiene) poco que decir en el armado de estos campus. Al decir que usamos la tecnología y los campus como un puente, nos referimos a que se usan para transmitir principalmente información: subir una clase escrita, poner el video de un profesor explicando un tema fueron las primeras formas (y a veces las únicas) de entender la función de campus en línea.

Otra manera de concebir un entorno en línea es como un espacio de encuentro, una gran mesa virtual que convoca a todos los participantes de un proceso de enseñanza: los docentes, los alumnos, el contenido. Este espacio no solo nos permite recibir la información, sino que también posibilita interactuar, modificar, producir contenido, dialogar con colegas y docentes, remixar los contenidos, vincular diferentes lenguajes y formas de expresión. La educación en línea solo como transmisión de contenidos es un buen ejemplo de cómo se utiliza la tecnología para solucionar el problema equivocado. Lo que nos interesa no es acortar la distancia entre emisor y receptor del mensaje (el problema de la distancia), sino poder agrupar y hacer interactuar a todos los involucrados. Revisar si una propuesta se basa en la tecnología como puente o territorio es un interesante ejercicio.

Derivado de esto, entonces, pensamos en quiénes son aquellos que pueden formular una propuesta de educación en línea. ¿Cuáles son las habilidades y capacidades necesarias? A su vez, también es necesario pensar en la formación del docente en línea, en las habilidades específicas y desafíos que propone esta modalidad. Al igual que los docentes presenciales, un docente en línea reacomoda roles, deja de ser el emisor principal para convertirse en un acompañante, en un regisseur del entorno, alguien capaz de diseñar las propuestas de enseñanza y al mismo tiempo acompañar a los alumnos en su proceso de aprendizaje a través de preguntas, devoluciones y cuestionamientos. La definición de los diferentes roles docentes presentes en un entorno en línea y las formas de remuneración son deudas aún pendientes que no están saldadas ni acordadas. ¿Cuántas horas por semana trabaja un docente en línea? ¿Cómo se computan esas horas? La serie de preguntas continúa y para cada una de ellas cada institución va generando su propia respuesta sin aún mucho consenso.

Entonces, podemos preguntarnos también por el costo de una propuesta de enseñanza en línea. La idea de virtualidad hace pensar en costos bajos. Sin embargo, la experiencia que tenemos en el Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías (PENT) de Flacso, nos demuestra que una propuesta de enseñanza en línea no necesariamente resulta más económica que una presencial. Esto es porque, para llevar a cabo una buena propuesta, es necesario un equipo de diseño pedagógico, un equipo de docentes que estén presentes en el campus y un equipo técnico capaz de realizar los desarrollos tecnológicos necesarios y de mantener funcionando la plataforma. Una buena propuesta en línea no supone un docente aislado en un aula, sino un ecosistema de diversos roles que van conformando la propuesta en el campus, que no siempre tiene su contraparte en una propuesta presencial.

Y, como para ir cerrando este breve paneo, nos queda por considerar cuáles serían las maneras de identificar una propuesta de educación en línea de calidad. Si bien las credenciales del docente y los títulos académicos acumulados son utilizados muchas veces como garantía de calidad por las instituciones de nivel superior de las cuales forman parte, esas credenciales no se reflejan directamente en la calidad de la propuesta en línea. Por el contrario, hemos comprobado en muchas ocasiones que, cuanto más gordo es el pez, menos tiempo tiene o le dedica al trabajo de la docencia en línea, que requiere un trabajo permanente de diálogo y moderación con los estudiantes y presencia en el campus. Tampoco la calidad puede asimilarse a la calidad de los contenidos. Esto parece ser una herencia de cuando las propuestas de educación a distancia eran autocontenidas en un material que se enviaba a los alumnos. En una propuesta de educación en línea, el contenido es verbo, es lo que hacen los participantes para construir el conocimiento, afirman Jim Henry y Jeff Meadows en la pequeña biblia de la enseñanza en línea: «An absolutely riveting online course: Nine principles for excellence in web-based teaching», y eso es difícil de poner en papel, porque además el docente va modificando la propuesta y la planificación en el devenir de esta.

Algunas preguntas que nos quedan en el tintero son: ¿cómo evolucionará el mercado de las plataformas y cómo se reflejará en las propuestas en línea? La complejidad creciente, debido al aumento de funcionalidades que están desarrollando las plataformas, ¿hará que los equipos técnicos «de sistema» terminen decidiendo lo que es o no posible hacer desde el punto de vista didáctico? Para evitar esto, ¿habrá una migración masiva hacia plataformas «gratuitas» pero privadas en línea, dejando a las corporaciones dueñas de todo lo que pase dentro de la plataforma? ¿Quedarán todas las posibilidades de enseñanza en línea a solo lo que una o dos corporaciones ofrezcan como posibilidad en la nube? Y, más allá de las plataformas, nos quedan también dudas respecto a los diferentes modelos de CEMA, en donde la gratuidad y la masividad van en perjuicio de la importancia del rol del docente en línea. Seremos testigos en un futuro próximo de una nueva oleada de solucionismo tecnológico, como dice Morozov, procurando encontrar en la predicción por algoritmos y el análisis de big data, una solución económica a la presencia del docente en línea.

No cabe duda de que hay desafíos pendientes y nubarrones en el camino, pero sigo estando convencido de que la oportunidad de ofrecer educación en línea de calidad es una de las mejores posibilidades que hemos desarrollado para poder democratizar el acceso a la educación de calidad para todas las personas.

Bibliografía

1: Jim Henry, Jeff Meadows, «An absolutely riveting online course: Nine principles for excellence in web-based teaching», disponible en http://www.cjlt.ca/index.php/cjlt/article/view/179/177

Existe traducción al español por la comunidad del PENT disponible en: http://www.pent.org.ar/centro-de-recursos/un-curso-virtual-totalmente-fascinante-nueve-principios-para-excelencia-ensenanza

2: Evgeny Morozov, -‘La locura del solucionismo tecnológico.’- Clave Intelectual, 2015.

Fabio Tarasow / Explorador, inquieto. Fue un alumno no deseado y candidato a la ritalina. En venganza, se recibió como docente, después como licenciado en Ciencias de la Educación y luego salió a vagabundear por el mundo. En Israel estudió Cine y Televisión en la Universidad de Tel Aviv y luego, en México, además de comer ricos tacos, hizo la maestría en Tecnología Educativa en el ILCE. Trabajó en diferentes productoras de videos documentales. Está en camino de recibir el doctorado en Flacso. Actualmente coordina el Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías (PENT) de Flacso Argentina, un centro de formación de posgrado, de investigación y asesoría sobre educación, tecnologías y enseñanza en línea. Publica su columna de opinión regularmente en el sitio del PENT.

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