Alejandro Tiana Ferrer es catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España. En la actualidad es director general del Centro de Altos Estudios Universitarios de la OEI.

Por Alejandro Tiana Ferrer. Entonces se preguntarán que por qué he aceptado escribir aquí, en esta tribuna compartida por tan prestigiosos colegas. Pues continuaré confesándoles que lo hago porque estoy absolutamente convencido de que se trata de un asunto que no debe ser abordado solamente por especialistas. Es más, creo que una de las dificultades con que podemos tropezar para generalizar el uso educativo de las TIC consiste precisamente en considerarlo de ese modo. En la medida en que consideremos que es algo reservado a determinadas personas especiales, con una formación especial, con conocimientos especiales y con una actitud especial hacia ellas, estaremos dificultando su difusión.

Permítanme transmitirles un par de reflexiones, una basada en una experiencia de carácter profesional y otra de ámbito más personal. Comenzaré por la primera. Hace un año tuve el honor de coordinar el primer informe que se elaboró en el proyecto Metas Educativas 2021, promovido por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI)[1]. En esa publicación, titulada Miradas sobre la educación en Iberoamérica 2011[2], se incluyó información sobre cada uno de los indicadores definidos para las metas generales y específicas que constituyen un programa común de progreso educativo para esta década. Concretamente, los indicadores 16 y 19 estaban dedicados a cuestiones relativas a la utilización que se hace de las TIC en los sistemas educativos de Iberoamérica (tales como frecuencia, lugar y áreas académicas de uso preferente o razón de alumnos por computador) y proporcionaban datos aportados por los propios países. Aunque la información distaba de ser completa, esbozaba un panorama casi impresionista de la situación actual.

Pues bien, la consulta de esos indicadores nos permitía concluir que tan solo en nueve de los dieciocho países que respondieron al cuestionario planteado se utilizaba el computador en prácticamente todas las áreas curriculares de la educación primaria o secundaria. En los restantes era habitual su uso para la enseñanza de la informática o la tecnología y en ocasiones en alguna otra tarea escolar. En otro indicador se observaba que quince países afirmaban que utilizaban los computadores mayoritariamente en la sala de computación y en solo tres a lo largo del horario lectivo habitual, sin limitarse a un número reducido de horas semanales. Y salvando ligeras excepciones, las cifras de alumnos por computador eran elevadas, en muchos casos superiores a veinte.

El cuadro no es ciertamente halagüeño, o al menos no lo era hace algo más de un año, pues sabemos de la rapidez con que está cambiando esta fotografía. La suma de informaciones recibidas transmite la sensación de que el computador ocupa un lugar más bien reducido del espacio y el tiempo escolar, y aunque no se preguntaba de manera explícita, seguramente también es reducida la proporción del profesorado que lo utiliza. Todo apunta a que, pese a la generosidad de algunas respuestas, estamos ante una materia impartida por especialistas y limitada a lugares y momentos asimismo especiales.

Mi segunda reflexión es de carácter personal. Siempre me ha interesado aprovechar las posibilidades que ofrecen las TIC para el desarrollo de mi trabajo profesional. Aprendí enseguida a utilizar el computador para escribir, para hacer presentaciones y para almacenar mis datos. Con el paso del tiempo he cambiado el modo en que construyo mis textos, recopilo y almaceno información, e incluso en que utilizo mi tiempo de trabajo. La cercanía a las TIC ha ido cambiando mis hábitos. Hace aproximadamente un año me decidí a utilizar Twitter, con la intención de explorar el nuevo espacio de las redes sociales. Debo reconocer que, al igual que me sucedió con el computador, comencé a descubrir un nuevo mundo y a explorar sus posibilidades. Lo que al principio era simplemente una herramienta de comunicación e información, comenzó a adquirir nuevos perfiles, utilizándola incluso con fines de comunicación profesional y académica. Poco a poco he ido entreviendo las posibilidades que ofrece para el trabajo educativo y universitario, para la constitución de redes profesionales y académicas, para la difusión y el contraste de ideas y sin duda para más cosas que todavía hoy se me escapan.

La contraposición de estas dos experiencias me ha obligado a reflexionar y a preguntarme cómo fomentamos el uso de las TIC entre el profesorado y cómo deberíamos hacerlo. En mi opinión, quizás poco fundamentada, si los docentes actuales o futuros no experimentan por si mismos el mundo que se les abre al utilizarlas, difícilmente se verán concernidos con su uso. Probablemente, seguirán considerando que se trata de herramientas complejas, quizás difíciles y tal vez reservadas a los especialistas. Y si ese es el caso, no llegarán a integrarlas en su práctica docente. Serán un artificio lejano, posiblemente amenazador y en todo caso con poco valor real para la profesión.

Mi experiencia personal me dice que las TIC pueden llegar a ser vividas de otro modo. No es tanto cuestión de comprensión como de vivencia, de implicación, de interés. Y se trataría de conseguir que los docentes las pudieran vivir así, con naturalidad. Que no hiciese falta un aprendizaje excesivamente formalizado, con unos procesos de enseñanza necesariamente impartida por especialistas. Quizás solo consista en referirse de otra manera a lo que planteaba hace poco tiempo Alejandro Piscitelli en esta misma sección cuando afirmaba que las TIC son una nueva cultura. Eso implica la necesidad de lograr un cambio cultural, lo que sin duda no resulta sencillo, pero representa un desafío formidable.

Si quieren que les diga la verdad, no sé exactamente cómo puede llevarse a cabo esa tarea, cómo se puede despertar el interés y la curiosidad por utilizarlas para enriquecer la vida personal y profesional, pues ambas suelen ir de la mano. Pero no me negarán que se trata de un asunto apasionante acerca del cual reflexionar. Me gustaría invitar a los lectores a plantearse esta cuestión (que también yo me planteo) y a intentar dar alguna respuesta a interrogantes que no sé responder exactamente: ¿Cómo despertar en los docentes el gusto y el interés por las TIC? ¿Cómo conseguir que no se vean como un reducto de especialistas? ¿Cómo conectar el uso informal de las redes sociales con el propiamente didáctico?

 

Alejandro Tiana Ferrer es catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España. En la actualidad es director general del Centro de Altos Estudios Universitarios de la OEI.



[1] Se puede obtener información más detallada en www.oei.es

[2] http://www.oei.es/metas2021/Miradas.pdf

 

SIMILAR ARTICLES

1 COMMENT

  1. Este articulo nos invita a la reflexion educativa de convertir a las TIC en parte del modelo pedagogico para hacer mas pertinenente la enseñanza_aprendizaje, es ahora, en el presente escolar, en toda la organizacion del curriculo que la sensibilizacion a todos y todas docentes nos involucre, sin ser especialista, en el uso adecuado de las TIC , convertirlas en cultura y. Con seguridad la respuesta del estudiante sera positiva y esperanzadora en la construccion de sociedades tecnologicamente humanizadas

Leave a Reply