trol

Por: Betina Lippenholtz

Los amantes de textos de Tolkien y los gamers en general los reconocen enseguida. Porque esta figura, que se remonta a la mitología escandinava, aparece continuamente en este tipo de textos y en los videojuegos. Sin embargo, hoy, y aunque con semejanza, hablaremos de los troles en el ciberespacio.

Los internautas lo definen como una persona que persiste en comenzar debates o discusiones sobre temas controvertidos o simplemente superficiales. Un trol es alguien que tiene como objetivo perturbar el funcionamiento de los foros de discusión, multiplicando mensajes no particularmente interesantes o motivando a otros a hacerlo. Esto hace, en ciertos casos, que el tema se desvíe y no permita focalizarse en lo que es realmente importante o interesante. Molesta. Dispersa. Un provocador.

Se lo visualiza como un gigante, un monstruo hostil. A partir de la Edad Media, los troles ya eran considerados espíritus maléficos que se asociaban al poder de provocar enfermedades: sucios, estúpidos y especialmente bulliciosos. Aun así, violentos, pero bastante fáciles de vencer por las mismas razones.

En general, sus mensajes provocan a través de los insultos o a través de una imagen que no favorece mucho a alguna comunidad en particular. Saldrán los defensores, los que caen en las redes y los ingenuos.

Empezaron a invadir el espacio cibernético en los grupos de noticias. Pero como ya no están de moda, tuvieron que trasladarse a las redes sociales como Twitter o en los comentarios de los blogs, entre otros dominios.

Lo importante es aprender a reconocerlos y neutralizarlos con la indiferencia u otros caminos: no hay que responder; si no, se comienza con una discusión infinita, en bucle, cada vez más controvertida y alejada de los temas importantes. Insistimos: la dispersión.

Reconocerlos implica no solo saber si es un trol, sino saber qué tipo de trol es: uno tonto responde a todos los mensajes que siguen al que él mandó en primer término (por eso el carácter de interminable). Uno malo ni siquiera responde, solo enciende la mecha.

Con ellos no se razona. Se creen invencibles, rebeldes, por encima de convenciones sociales o éticas. Les gusta molestar así que, si te enojás, «les estás dando de comer». Ignoralos, bloquealos. Se escudan en el anonimato, pero por esa misma razón, si no los conocés o no podés averiguar sobre ellos, no les des cabida. Seguí tu camino y, como no van a encontrar alguien que los alimente, se irán. Si no contestamos, sus posteos no se viralizan, entonces su función, además de la de molestar, la de ser el centro de todos, no se logra. No les gusta perder tiempo (ni imagen) así que se van. Si sos parte de una comunidad, por ejemplo un foro o lista, obviamente reportalos al moderador porque muchas veces se esconden bajo el disfraz de un miembro de esa comunidad. Cada decisión o comentario que hagas se pone en duda. Eso los delata.

El anonimato, al final, también nos permite reconocerlos porque es importante siempre que verifiquemos los datos de la gente «nueva» que aparece y que tiene una conducta tan «peculiar». Los troles proporcionan datos que conducen a callejones sin salida, la gente real da datos que son verificables.

En general, los troles tienden a evadir la puntuación y son bastante maleducados respecto a su lenguaje.

Resumiendo: los troles, cuando responden a una discusión o empiezan un debate, no agregan nada significativo. En cambio, bromean, reprenden e insultan. Tienden a machacar sobre el mismo tema. Son insistentes. Personajes evitables y que hay que aprender a reconocer. La indiferencia mata al trol.

 

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